Entrevista a la Doctora Peregrín, Psiquiatra.

publicado en: AISS, entrevistas, madrid, salud mental | 0

Causa de la aparición de enfermedades mentales, las dolencias más recurrentes en los últimos tiempos , qué labores especificas lleva a cabo un psiquiatra, etc.. Preguntas muy frecuentes en nuestra sociedad, sin embargo son escasas las ocasiones en las que podemos contestar de manera fiable. En AISS nos caracterizamos por ir a la vanguardia en técnicas e investigación en la salud mental, por lo que también nos rodeamos de testimonios fehacientes en este campo. Hoy desvelaremos los detalles para traer luz y desmitificar los estigmas que puedan acarrear.

Para ello esta semana entrevistamos a la Doctora Elena Peregrín Abad,  Licenciada en Psiquiatría y Postgrado en Psicoterapia. Trabaja en el Hospital de Parla y en Centro Vínculo de Psicoterapia.


Ante todo, Doctora, muchas gracias por dedicarnos su tiempo, des AISS sabemos lo preciado que es.

Empecemos desde la base. Sabemos que esta pregunta deriva en una respuesta muy extensa y compleja ya que no hay una llave maestra que abra el cajón revelador, pero ¿se conoce cuál es la causa por la que hay personas que desarrollan enfermedades mentales y otras no?

Como en todas las problemáticas que atañen al sujeto, y siendo la enfermedad mental algo estrictamente humano, no hay una respuesta única que explique su naturaleza y génesis.

Se han identificado infinidad de elementos que se relacionan con la aparición de enfermedades mentales, de índole puramente biológico, como de carácter social o psicológico. Por ejemplo, un tratamiento con corticoides para un individuo con un trastorno dermatológico puede desencadenar un episodio maníaco, estableciéndose una relación directa entre una sustancia química y síntomas psiquiátricos (factor biológico). Del mismo modo, las circunstancias sociales inciden directamente en la aparición/mantenimiento de enfermedades mentales (existen múltiples estudios que asocian la exclusión social con diferentes trastornos psiquiátricos). Por otra parte, rasgos de personalidad determinados (“formas de ser”) son más proclives al sufrimiento psíquico y a que surja un trastorno reconocido en los manuales diagnósticos (excesiva escrupulosidad puede crear altos niveles de ansiedad así como suponen una posibilidad para que se inicien síntomas de un TOC-trastorno obsesivo compulsivo-, por ejemplo). A excepción de lo que entendemos como “trastornos psiquiátricos orgánicos” (aquéllos que son consecuencia de un trastorno/lesión identificado, sirva el ejemplo de la manía por corticoides), no se conocen con precisión las causas de las enfermedades psiquiátricas. Esto, ocurre especialmente con las enfermedades psiquiátricas “tradicionales”: esquizofrenia, trastorno bipolar/trastorno esquizoafectivo.

Por otra parte, la posibilidad de que aparezca un trastorno mental dependerá del equilibrio  entre factores que promueven la enfermedad y aquellos que protegen de la misma. Siguiendo el orden anterior, existen multitud de elementos que reducen la vulnerabilidad para la enfermedad, de orden biológico (no consumir tóxicos cerebrales, por ejemplo), social (disponer de una red de apoyo y cuidado) y psicológico (aceptar las limitaciones de la vida, tolerar la incertidumbre, efectuar cambios de cara a lograr los ideales de uno mismo, constituyen formas de ser saludables que aumentan la resistencia ante la adversidad).

¿El factor neurológico es uno de los mayores responsables?

El aspecto neurológico u orgánico es un protagonista indiscutible en la escena de la enfermedad mental. Ello, no quiere decir que sea primario, es decir, que constituya el factor etiológico último. Desde el nacimiento e incluso en la vida prenatal hay un constante acomodamiento entre el sistema nervioso y los factores ambientales, hay una interacción mutua entre ellos: las hormonas maternas, los cuidados recibidos por el lactante, la alimentación… influyen sobre un cerebro plástico, que determina formas de actuar con el medio y con los otros, estableciéndose patrones de relación que conforman nuestro aparato psíquico y que determinan la articulación con el entorno, cuya información será captada por nuestros sentidos y cerebro, creándose un impacto en éste… Existe pues un círculo interactivo constante.

¿Su aparición se puede catalogar en distintos grupos o factores con denominador común?

En la actualidad, el modo extendido en organizar las enfermedades psiquiátricas es a través del que proponen los manuales diagnósticos. Estos, de carácter internacional, permiten la comunicación entre especialistas (se crean unos ”patrones” comunes) y clasifican las enfermedades en función de la descripción de los síntomas. El DSM-V y la CIE 10 son los más empleados. En ellos, figuran el grupo de las “depresiones”, de las “esquizofrenias”, de los “trastornos disociativos”, los “trastornos de personalidad”, etc… teniendo en común las diferentes enfermedades de cada grupo, determinados síntomas. Se emplea por tanto un criterio descriptivo, a diferencia de otras especialidades médicas, donde el criterio es etiológico o fisiopatológico (la causa o el proceso anómalo que subyace a la enfermedad, valga como ejemplo las diferentes afecciones del hígado, cuyos nombres aluden a su causa: hepatitis infecciosa, heaptopatía alcohólica, hepatocarcinoma).

No obstante, hay enfermedades mentales cuyo origen está bien definido, nombrándolas. El trastorno por estrés postraumático es consecuencia de la exposición a una situación traumática, por ejemplo. La depresión postparto es aquella posterior al nacimiento de un hijo en  una mujer.

La subjetividad del individuo atraviesa cualquier expresión sintomática, de ahí la infinita posibilidad de síntomas como de combinaciones sujetos/situaciones existen. Por otro lado, la subjetividad del clínico también media en el proceso de diagnosis. Todo ello determina que la evaluación el estado mental sea un proceso meticuloso y exigente.

¿Qué es lo que diferencia la psiquiatría del resto de especialidades médicas?

Esta cuestión se articula con la anterior. La Psiquiatría tiene en común con otras especialidades médicas que está desarrollada según un modelo semiológico (una causa genera una alteración orgánica/funcional del organismo, que se pone de manifiesto a través de síntomas y signos, detectables a través de un proceso diagnóstico, que al finalizar permite proponer un tratamiento concreto). La cuestión reside en que en las enfermedades mentales, el avance en el conocimiento de los trastornos fisiopatológicos subyacentes no es suficiente como para establecer hipótesis concluyentes. Esto se traduce en que disponemos de muy pocas pruebas técnicas que objetiven alteraciones y contribuyan al diagnóstico. Está habiendo avances en ese sentido, pero lentos. La exploración del estado psicopatológico es nuestra herramienta fundamental para indagar en el malestar del otro, y como señalaba anteriormente, ésta siempre está determinada por la subjetividad del individuo sufriente (y del evaluador). No existen, por otro lado “signos patognomónicos” como en otros campos médicos. 

Por otra parte, la alianza terapéutica, el establecimiento de una relación de confianza entre paciente y clínico, es fundamental en todo acto médico, en cualquiera de las especialidades. Sin embargo, ésta resulta especialmente necesaria cuando se aborda el sufrimiento psíquico. Es fundamental que exista un clima de seguridad cuando una persona comparte su malestar. Además, la creación de una relación de compromiso con el sufrimiento ajeno constituye en sí misma una herramienta terapéutica (muchas veces las enfermedades son resultado del establecimiento de relaciones patológicas (“tóxicas”, como se viene utilizando en los últimos tiempos en el lenguaje coloquial). La posibilidad de crear un vínculo sano con un terapeuta puede ser la primera piedra para la construcción de un escenario de salud, de curación. 

¿Cuáles son las patologías psiquiátricas más recurrentes en los últimos diez años? ¿Se diferencian con las de hace cincuenta?

La sociedad se transforma con el tiempo y también lo hacen los trastornos mentales (podemos entender que estos son emergentes de los problemas de los individuos en sociedad). Se evidencia cómo el paso del tiempo conlleva cambios en la expresión del malestar psíquico así como modificaciones de los patrones que establecen qué es “normal y anormal”. Más de medio siglo atrás, la sociedad española estaba insertada en un marco institucional caracterizado por un gobierno autoritario y paternalista, con gran influencia de la religión y las  tradiciones. En este contexto, eran frecuentes los trastornos de naturaleza obsesiva y los conversivos (“histeria”), cuadros resultados de la represión de deseos. En la sociedad actual, los valores han cambiado y están mediados por el éxito del individualismo y la omnipresencia del neoliberalismo, así como por la influencia del desarrollo tecnológico que posibilita el acceso a cualquier información en un instante, a la comunicación con otros individuos alejados en espacio a tiempo real, y que ha depositado mucho valor al aspecto físico del individuo. Estas circunstancias explican el incremento de la prevalencia de cuadros que tiene que ver por ejemplo con la ausencia de trascendencia/vacío existencial (personalidades “eternamente jóvenes”, que no maduran, y desarrollan trastornos narcisistas/límites o nuevas adicciones como a las compras, al uso de videojuegos); con una relación con el cuerpo patológica como los frecuentes trastornos de conducta alimentaria. Señalar que la homosexualidad ha estado incluida en los manuales diagnósticos hasta el inicio de la década de los 70. Intereses económicos pueden promover que determinadas formas de malestar se incluyan como enfermedades.

Nos apasiona su labor y queremos ahondar en su profesión desde un punto de vista más humano. ¿Cuál es la idea errónea más común sobre su profesión que tienen los pacientes o gente con la que interactúa?

La más común y preocupante tiene que ver con la tendencia a relacionar enfermedad  mental con peligrosidad social. Existen sectores poblacionales que rehúsan acudir al psiquiatra porque ello sería sinónimo de “estar loco”. Otras ideas erróneas, que se ponen de manifiesto en el trabajo asistencial y que están presentes en algunos sanitarios, es que las quejas corporales de un individuo que es atendido en Salud Mental tienen menos peso que las de otro que no tiene antecedentes psiquiátricos.

¿Podría nombrar tres de los aspectos más desafiantes de su papel como psiquiatra? Adentrarse y profundizar en el sufrimiento del otro, al que acompaña en su proceso de vida. 

Encontrar una distancia óptima que permita sintonizar con el individuo que sufre pero sin fusionarse con el malestar.

Tolerar la individualidad del paciente que pide ayuda, respetando sus decisiones y evitando adoptar una actitud paternalista, pero a la vez brindando toda la ayuda posible desde nuestro rol de profesional.

¿Cuál es el consejo más trascendental que podría dar a los psicólogos y psiquiatras venideros?

Es fundamental que en el encuentro con los pacientes (y también en las actividades  formativas/intelectuales) nos guíe una actitud de curiosidad, de deseo por conocer, que permita acceder al máximo a lo genuino del individuo. Esto legitima al sujeto como ser humano, frente a la vivencia de ser un “objeto”, frecuentemente relatada cuando uno recibe cuidados médicos. Asimismo, es fundamental el trabajo personal que nos permita conocernos, revisar nuestros perjuicios y trabajar nuestras carencias y conflictos, para que no sean actuados en el espacio terapéutico con los pacientes.


EL equipo al completo de AISS queremos agradecerle de nuevo su valioso testimonio, Doctora.

Entrevista a la Doctora Peregrín, Psiquiatra.
5 (100%) 6 votes