
El ser humano es una unidad cuerpo y mente en el que ambos componentes conforman un devenir de signos, sensaciones y en definitiva un intercambio de información que hace que podamos expresar e interiorizar recíprocamente.
La mente a menudo se identifica con el espíritu de la persona, formada por un conjunto de emociones y cogniciones, esa serie de atributos que reconocemos en nosotros mismos y nos hace poder expresarnos en primera persona «yo soy» , «yo tengo».
La conciencia es la cualidad que tiene el espíritu de identificarse como sujeto de sus atributos, es decir, el conocimiento de sí mismo y de lo que le rodea (Fe, Moreno, 2011). Es a través de este nominativo donde una persona puede comenzar a conocerse a sí mismo y sus síntomas psicopatológicos, que le llevan a razonar la presencia de enfermedad.
A esta reflexión se le denomina «introspección» o «insight» y se define como una capacidad que, no estando presente, se puede trabajar para adquirirla.
Insight: capacidad de reconocer que tiene una enfermedad «darse cuenta de».
El «darse cuenta de» conlleva estar pendiente de lo que acontece en cada momento, tanto en el mundo interno como en el mundo externo, de tal forma que se construye una conexión con nuestra propia existencia, evitando así la negación de alguna partes que nos conforman y, por tanto, integrando partes que sin ser conscientes se traducían en forma de miedo, vergüenzas o tensiones.
Fases del insight:
1.-Impase mental: ante la presencia de un problema, el ser humano se enfrenta a su mayor muro de bloqueo; se produce un atasco inicial pues la persona debe modificar su manera de pensar con el fin de encajar todas las partes que conforman un problema y reorganizarlas para resolverlo.
2.-Re-estructuración del problema: La persona logra identificar las partes y satisfacer las exigencias del objeto problema.
3.-Adquisición de un tipo de comprensión más profunda.
4.-«Suddennes»: finalmente la persona es capaz de aprender a través de la emoción, es decir, la solución conlleva la vivencia de una emoción.
Un ejemplo práctico e ilustrativo de este proceso es el que se pasaría cuando se tratan los posibles traumas que todavía no se han madurado de una manera correcta, emocionalmente hablando.
*Paula Cuesta es licenciada en psicología por la Universidad de San Pablo CEU y coordinadora en AISS del equipo de trabajo dedicado al desarrollo de la conciencia de enfermedad de nuestros pacientes.










