Generaciones heridas por la guerra. La huella invisible en la salud mental de quienes huyen de un conflicto bélico. Es el tema que preocupa en estos momentos a Ana Villota, fundadora de la Asociación AISS, entidad que tutela pisos a personas con enfermedades mentales, y trabajadora social forense.
Villota y su equipo se refieren a todas las guerras, no sólo a Oriente Medio. Por ejemplo, los millones de desplazados que han generado la guerra de Ucrania, en Europa y fuera de Europa, y otros conflictos en el mundo.
La presidenta de AISS asegura además que “los conflictos bélicos marcan no solo a quienes los viven, sino también a las generaciones futuras”.
Proteger la infancia. “El terror en sus miradas”
La guerra no solo se mide en ruinas materiales o en cifras de desplazados. También deja cicatrices invisibles que acompañan de por vida a quienes han sobrevivido al horror, explica Ana Villota, que es también trabajadora social forense.
“La protección a la infancia es fundamental, definitivamente es nuestro futuro. Las guerras suponen para el menor la pérdida de todas sus figuras de referencia. La familia para un niño es su refugio y en muchos casos han visto morir a padres, madres y abuelos”, añade.
Ese desgarro temprano, dice, deja un eco intergeneracional. “La exposición constante a un escenario de guerra no se queda solo en quien lo vivió, sino también en generaciones futuras. Hablamos de generaciones heridas por esas vivencias. No hace falta ser experto para leer el terror en sus miradas”.
Fragmento de la entrevista íntegra publicada en la Revista Omnes y que puedes leer en el enlace adjunto.










