Trastorno por déficit de atención e hiperactividad

publicado en: AISS, salud mental | 0

El aumento de detección de casos de niños con déficit de atención se suma cada año gracias a la rapidez y al mayor conocimiento de la enfermedad en el sector sanitario. Sin embargo existe una gran parte de la sociedad adulta que nunca ha sido tratada en su infancia y sigue padeciendo este desorden sin la terapia adecuada.

Cuántas veces hemos escuchado: “este niño es un vago”, “se distrae con una mosca” o “es incapaz de prestar atención más de cinco minutos”. Estas desafortunadas frases hechas son en multitud de ocasiones casos mal diagnosticados de infantiles a los que en el colegio se les ha estigmatizado con adjetivos que nada identifican ni responden a su personalidad implantando barreras elitistas educaciones y frenando su verdadero aprendizaje. Se trata de niños a los que la enseñanza se les hace, aún más, cuesta arriba debido a una distracción constante y a la falta de constancia a la hora de desempeñar una acción concreta.

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad, también conocido como TDAH, se divide en tres subcategorías. Se identifican como distracción, impulsividad e hiperactividad. Las tres interfieren en la funcionalidad y desarrollo de la persona que lo padece.

La distracción impide al sujeto focalizarse en una tarea y como consecuencia se produce un gran nivel de desorganización. La hiperactividad obliga a la persona a estar en constante movimiento u oratorias desmesuradas, la mayoría de ocasiones en circunstancias poco apropiadas. La impulsividad empuja al individuo a llevar a cabo acciones sin pensar en ellas pudiendo herir a los que le rodean siendo intrusivo o incluso falto de empatía.

Las causas de aparición de este trastorno son complejas pero ningún estudio da con la teoría unificada. Algunas evidencias científicas lo acusan a herencia genética, otros como el NIMH (National Institute of Menthal Health) hablan de un nivel de glucosa en el cerebro menor que en la media estipulada. El punto en el que todos los especialistas convergen es la definición como un problema médico neurológico.

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Diagnosticar este trastorno en niños es tremendamente importante a la hora de mejorar y encauzar su calidad de vida social y escolar. Sin embargo su detección es un complejo telar entretejido en diversas capas. No puede reducirse a un simple análisis de sangre y/o de orina. Es un gran rompecabezas que requiere del consenso de profesionales como el pediatra, psicólogo, psiquiatra y neurólogo infantil.
Por desgracia aún no existe la cura definitiva, pero sí tratamientos personalizados que puestos en marcha desde edades tempranas mitigan las consecuencias lesivas de esta dolencia pudiendo ofrecer al paciente una vida normal ayudándose de técnicas específicas.


Todos no somos iguales. ¡Qué alegría y qué beneficioso es para así poder aprender y enriquecernos de la diversidad! En AISS nos gusta reconocer los ritmos diferentes porque nos hace abrir miras y atisbar más allá de nuestro propio entrecejo.

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