Pandemia y suicidio: nuevos cuadros que se pueden prevenir

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La salud mental sigue siendo un tema tabú a nivel político, social, clínico y económico, que constituye un estigma para la persona que sufre algún tipo de enfermedad mental. Esta es una de las razones por las que una persona puede llegar a suicidarse. La prevención del suicidio pasa inevitablemente por romper la cultura del estigma y del descarte. Ello es así porque las personas con enfermedad mental no piden ayuda por miedo al rechazo, porque reconocer una enfermedad significa ser destituidos de su puesto de trabajo, se traduce en pérdida de empleo, pérdidas afectivas o ser excluidos de los grupos de amigos.

La pandemia ha marcado un punto de inflexión en todo lo relacionado con la salud mental y concretamente en el suicidio. Hasta ahora, ha sido un campo olvidado sin la suficiente dotación presupuestaria, cuyas consecuencias se han tratado de ocultar por constituir un tema tabú y estigmatizador para la persona que sufre alguna enfermedad mental y para su entorno familiar. Unas consecuencias que pueden llevar a una persona a suicidarse. Para analizar la fotografía actual en ConSalud.es hemos entrevistado a Paula Cuesta, psicóloga sanitaria y forense de AISS (Asociación de Iniciativas Sociales).

A raíz del confinamiento sufrido por la pandemia del coronavirus, la Salud Mental ha cobrado protagonismo. Aunque es pronto para hablar de números exactos, lo cierto es que los profesionales sociosanitarios habéis detectado un aumento de las incidencias negativas de la pandemia sobre la salud mental de las personas, así como un aumento en las tentativas de suicidio. ¿Cuál es la razón clínica y psicológica de esta circunstancia?

Efectivamente, el confinamiento ha incidido negativamente sobre buena parte de la sociedad, haciendo que la Salud Mental cobre protagonismo. Nos estamos encontrando que personas sin historial psiquiátrico previo han experimentado trastornos como depresión ansiedad. Dos patologías que, desgraciadamente, la sociedad ha normalizado, y que hacen que las sufren convivan con ellas, pero que conducen a muchos mitos que ponen en riesgo la salud de aquellos que la padecen, como, por ejemplo, pensar que una persona por el hecho de ser risueña no puede pasar por una depresión.

«Nos estamos encontrando que personas sin historial psiquiátrico previo han experimentado trastornos como depresión y ansiedad»

Por ello, el desconocimiento generalizado, unido a la normalización de estos diagnósticos facilitan que se produzcan situaciones fatales para estas personas, que pueden acabar en suicidio, porque no se atreven a solicitar la ayuda que necesitan. Y más, en una situación como la actual, que como digo, está afectando a personas que hasta ahora no creían que podrían sufrir depresión, ansiedad, etc., y que, si la sufren, se callan por miedo a ser señalados. 

¿Por qué crees que existe tanto desconocimiento que, incluso, puede llegar a la estigmatización de la persona que sufre?

Parafraseando al conocido personaje del Joker, diagnosticado con un trastorno psicótico, “Lo peor de tener una enfermedad mental es que la gente espera que actúes como si no la padecieras”. La traigo a colación porque ilustra perfectamente, el sufrimiento que puede tener las personas con enfermedad mental que se encuentran barreras sociales, laborales, asistenciales, personales, etc. Hasta el punto de que llegan a desarrollar enfermedades mentales graves, que presentan escenarios de enfermedad unidas a un claro estigma social hacia ellos.

¿Cuáles son los indicadores que contribuyen a detectar estas situaciones y que, de ser conocidos, pueden ayudar a la detección precoz del suicidio?

Evidentemente, conocer los motivos de suicidio para poder neutralizarlo y obstaculizarlo es la base sobre la que trabajar para la detección precoz del suicidio y uno de los objetivos principales de salud mental.

Porque, cuando hablamos de riesgo suicida, tenemos enfrente a una persona que presenta una insatisfacción generalizada sobre su vida y una visión catastrófica de su futuro. Estamos hablamos de un indicador psicológico que se define como desesperanza, rasgo presente en patologías como la depresión. Estos rasgos se observan en la primera etapa del riesgo suicida, el deseo de morir como fin al sufrimiento insalvable.

«Las consultas psicológicas y psiquiátricas han aumentado a raíz del confinamiento porque la sociedad en su conjunto se ha visto afectada por una circunstancia excepcional que ha incidido directamente en su ámbito familiar, social y profesional»

Otro de los indicadores psicológicos se presenta en forma de rigidez cognitiva, que se traduce como una limitación de la capacidad del individuo para afrontar nuevas situaciones personales y se presenta en las siguientes etapas del suicidio donde entran en juego las representaciones suicidas. Es importante detectarlo porque estas representaciones generan en la persona un sentimiento de liberación, en ningún caso provoca miedo. Es ahí donde radica el peligro y son la base de las ideas suicidas. Así, cuando una persona se encuentra ante este escenario en su vida en el que no encuentra solución o fin a su sufrimiento, pone en palabras su pensamiento suicida.

Estos indicadores psicológicos, unidos a facilitadores y estresores como cambios en la realidad social (desempleo, pérdida de un familiar, aislamiento, pasado de abusos, rasgos de personalidad como ira o impulsividad), nos ponen sobre aviso porque indicarían la transición a etapas más activas y agresivas del suicidio como el gesto suicida. Me refiero, por ejemplo, a comprar lo necesario para intentar llevar a cabo el intento de suicidio. Otros indicadores que debemos tener en cuenta son los intentos suicidas sin resultado de muerte, y el suicidio intencional.

¿Cómo trabajáis en AISS para lograr la integración social de este colectivo y cómo habéis logrado evitar este tipo de situaciones durante el confinamiento?

Desde AISS trabajamos para la integración social de este colectivo brindándoles herramientas para poder tener una vida normalizada. Con el confinamiento se han visto perjudicados, puesto que se les ha aislado y no se les ha tenido en cuenta como grupo de riesgo, se les ha exigido un esfuerzo y se les ha presentado un cambio en su realidad social, sin tener en cuenta sus circunstancias y no se les ha brindado herramientas para sobrellevar esta situación.

«Cuando hablamos de riesgo suicida, tenemos enfrente a una persona que presenta una insatisfacción generalizada sobre su vida y una visión catastrófica de su futuro. Estamos hablamos de un indicador psicológico que se define como desesperanza»

Pero nosotros, gracias a nuestra experiencia, sí que hemos sido capaces de brindarles las herramientas que necesitaban para continuar con su vida de la manera más normalizada posible. Intervinimos aplicando nuestros protocolos, adelantándonos de nuevo a posibles acontecimientos. Desde estas líneas tengo que hacer un llamamiento porque solo se ha protegido a los grupos de riesgo representado por personas mayores, pero se ha olvidado a este colectivo.

¿Qué puede aportar AISS a la intervención del suicidio en casos de personas que, con motivo de la pandemia, han visto su Salud Mental afectada, a los casos no diagnosticados a los que hacías referencia al comienzo y que sufren ansiedad y depresión, pudiendo llegar a pensar en tentativa de suicidio?

Es cierto y conviene destacar que las consultas psicológicas y psiquiátricas han aumentado a raíz del confinamiento porque la sociedad en su conjunto se ha visto afectada por una circunstancia excepcional que ha incidido directamente en su ámbito familiar, social y profesional. Por lo tanto, la importancia de estas disciplinas se ha disparado y exige la elaboración de protocolos destinados a la seguridad y salud, tanto de los colectivos previamente afectados, sobre los que trabajamos en AISS, como del resto de la sociedad.

Creo que la experiencia de AISS es extrapolable al conjunto del tejido social, porque es necesario focalizar las actuaciones en preservar la vida de todos, ya sean nuestros pacientes, como las personas que han acudido a nosotros solicitando información y ayuda. En este momento, es fundamental prever estas situaciones fatales, estando atentos a los indicadores de riesgo que he descrito antes y elevando el protocolo de riesgo suicida de forma más fuerte y relevante.

En AISS así lo hemos hecho y, por tanto, lo que nosotros podemos aportar es que sabemos que gracias a que hemos actuado de esta forma, hemos podido tratar a tiempo ciertos indicadores psicológicos y hemos amortiguado el impacto negativo del aislamiento impuesto.

El trabajo que hemos desarrollado en nuestros pisos tutelados a nivel emocional y ocupacional ha sido capital. Redoblar la atención psicológica extra, individual y grupal ha sido otro de los hechos relevantes de nuestra actuación con nuestros pacientes. Lograr que se sientan seguros y que sientan la confianza de expresar sus inquietudes, preocupaciones y sentimientos, ha sido otra de las claves. Creemos que estos protocolos, en mayor o menor intensidad, pueden ser aplicables a colectivos nuevos no diagnosticados, pero que ahora necesitan toda la atención psicológica posible.

Publicado por cortesía de ConSalud: https://www.consalud.es/pacientes/especial-coronavirus/pandemia-suicidio-cuadros-prevenir_89198_102.html