Las redes sociales y su impacto en nuestra química cerebral

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Paula Cuesta, Psicóloga y Subdirectora de AISS

El cerebro humano tiene un funcionamiento muy práctico y automático. Ante situaciones estresantes que generan malestar interior va a buscar siempre una “vía de escape” con dos cualidades: que sea rápida, por un lado, y eficaz por otro.

Nuestro hipocampo actúa como zona de retención de datos, la huella de memoria siempre va a guiar nuestras respuestas según nuestros aprendizajes más tempranos. Es en la infancia cuando el cerebro desde su profunda inmadurez, comienza a madurar en base a la experiencias a las que nos exponemos (sensoriales, emocionales, experienciales, etc).

Las redes sociales nos conectan con el mundo, nos permiten verlo y darnos a conocer tal y como elijamos y tienen un componente muy importante para el ser humano: nos motivan. Transmiten unas sensaciones relacionadas inmediatamente con el sentimiento de placer, nada motiva más que sentirnos queridos, valorados, etc., el hecho de subir una foto y recibir un “like” a cambio y de manera inmediata, se conecta automáticamente con la región cerebral del placer, mediado principalmente por la hormona dopamina, entre otras.

Nos hacemos así adictos a lo superficial, a las emociones y sobre todo a la gratificación instantánea que nos ofrecen las redes sociales.

El problema de ser adictos a las emociones y la gratificación instantánea, es que generamos una baja tolerancia a la frustración, y el estrés o ansiedad consecuente a esa baja tolerancia a la frustración, está mediado principalmente por la hormona cortisol.

El afecto del cortisol en el cerebro hace que se paralicen las funciones del cuerpo para centrarse y responder precisamente a la situación estresante o peligrosa que ha detectado, alimentándose de la dopamina para metabolizarla en noradrenalina.

Nos encontramos ante un problema real de nuestra era actual: somos adictos a la dopamina pero tenemos pocas herramientas para controlar el cortisol, por lo que cada vez necesitamos más dopamina.

Esto genera trastornos de ansiedad, depresión, pensamientos irracionales, ideas desajustadas, problemas de autoestima, etc. 

Son precisamente las experiencias de vínculo emocional, las experiencias de amor, el contacto social lo que genera en nosotros experiencias positivas que liberan oxitocina que ataca directamente a esa hormona del estrés, disminuyendo sus niveles. 

Es muy importante, por tanto, aprender a utilizar las redes sociales, son herramientas muy útiles en la vida. Pero también aprender a disfrutar de vivencias sin esa gratificación instantánea lo que nos acercarán mucho más a experimentar verdaderamente la felicidad.