Entrevista al Dr. Eduardo Paolini Ramos, especialista en psicología clínica

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Esta semana os acercamos un testimonio que arroja luz sobre nuestra futura salud mental: el tratamiento de dicha disciplina en niños y adolescentes.

Para ello en AISS contamos con las declaraciones del Dr, Eduardo Paolini Ramos, especialista en Psicología Clínica donde nos ofrece sus consideraciones sobre la Psicopatología y la Psicoterapia en niños y adolescente.

Primero, desde el equipo profesional de AISS queremos agradecerle el tiempo que ha dedicado realizando esta entrevista. Es un placer contar con sus estimables palabras.


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Eduardo Paolini Ramos, especialista en psicología clínica

¿Cuán importante es diagnosticar a tiempo una patología mental en usuarios infantiles o adolescentes? 

El diagnóstico temprano en primera infancia, pubertad y adolescencia es fundamental para obtener progresiones satisfactorias ya que son etapas en la que el sujeto está todavía en construcción tanto del punto de vista físico, neuropsicológico y emocional, y es en estos momentos evolutivos donde quedan ancladas disposiciones psicológicas y emocionales significativas.

¿Cuáles son los rasgos diferenciales que usted encuentra a la hora de tratar a un paciente adulto y uno menor de edad?

Todo tratamiento en estas etapas del desarrollo tiene que ser adecuado a las características de cada rango de edad (“el objeto determina el método”). La diferencia más significativa entre el tratamiento de niños y adolescentes en relación con el de los adultos, está determinado por la necesaria inclusión de los padres o tutores (“los padres como socios”) y, en su caso, el grupo primario de referencia. Muchas veces las conductas que observamos están determinadas o influenciadas por fenómenos y roles grupales estereotipados.  

En los últimos años, quizás por el progresivo aumento de la conciencia social acerca las diferentes formas del trato negativo, cada vez se le da más importancia como desencadenante a la sobrecarga emocional y a las injurias al narcisismo, los cuales se pueden ocasionar en los grupos de referencia y en la interacción con los grupos de pares. También, es frecuente que los síntomas del niño estén expresando un malestar del conjunto no necesariamente exteriorizado o consciente (“el enfermo como portavoz del grupo familiar”). 

¿En qué consiste la entrevista clínica en un adolescente? 

La evaluación deber ser considerada siempre como un proceso y no como un acto aislado; una primera entrevista clínica es también una forma de intervención. Desde mi punto de vista, es fundamental establecer una relación de confianza con la distancia necesaria y suficiente, el respeto mutuo y, al mismo tiempo, una posición empática ante el sujeto (“una actitud clínica”). El profesional debe posicionarse en la aceptación plena del paciente, sin juicios de valor al respecto; considerar lo que observa como la única conducta posible en ese momento, ya que, en muchos casos condesa múltiples sentimientos enfrentados. Por ejemplo, es posible que un niño que no se concentra o que se pone particularmente agresivo esté profundamente deprimido aunque no lo parezca.

¿Emplea técnicas específicas para conectar de manera intrínseca con ellos?

En mi forma de trabajo, primero hago pasar a los padres junto con el paciente, nos conocemos y planteamos al conjunto el encuadre de nuestro trabajo (“setting”) y las normas de confidencialidad adecuadas para menores de edad. Estos principios son los que permitirán el establecimiento de una relación de confianza, sin la cual el tratamiento no sería posible. Aclaro también que si pretendemos alcanzar un cambio, todos los involucrados tendrán algo que modificar, ya que la familia funciona como un sistema interdependiente en el cual, de manera simbólica, se incorpora la función del terapeuta como regulador y catalizador de las emociones en juego.  

En un segundo momento escucho atentamente al adolescente, lo necesario para tener una composición de lugar y poder plantearle mis hipótesis sobre lo que yo creo él está sintiendo y, a posteriori, poder establecer un juicio clínico. Sobre estas bases, doy las indicaciones estructurales pertinentes a los padres. En cualquier caso, y desde una consideración deontológica en el tratamiento de menores, es importante siempre estar acompañado por una enfermera o por algún profesional en formación para garantizar el encuadre clínico y la asepsia de la relación terapéutica.

Esta manera de abordar la problemática como trabajo psíquico conjunto implica una perspectiva también pedagógica, en tanto paciente y familia tienen que comprender las posibles implicaciones psicosomáticas y el concepto de negación como sometimiento. Se debe también explicar el procedimiento que utilizaremos; es decir, pensar juntos sobre los probables aspectos causales (concomitantes y evolutivos), las áreas de expresión de los síntomas (mente, cuerpo y mundo externo), el método que utilizaremos para ello y el objetivo a corto y medio plazo.

En mi experiencia clínica en el Hospital Universitario Niño Jesús, fundamentalmente en la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria, junto con el equipo de profesionales, fuimos organizando un protocolo de tratamiento ambulatorio semanal con tres módulos grupales sucesivos e integrados: el grupo de psicoterapia con los niños y niñas, el grupo de sus padres y el grupo de plan de vida (organización y regulación de la vida cotidiana). De esta manera, aprovechamos la sinergia entre los tres grupos (“masa crítica”) y aprovechamos el increíble potencial de los otros niños en la tarea común de la ayuda mutua (“el grupo como agente generador vs el grupo como agente corrector”), diseñando de esta manera un sistema extensivo más potente y eficaz que los modelos individuales

Existen patologías específicas de manifestación temprana, que pueden ser tan variadas como en los adultos; en adolescentes, exceptuando los problemas con implicaciones orgánicas y síndromes, suelen estar en relación con la identidad, con la autoestima, la indefensión y la vulnerabilidad ante los grupos de pares. Hay trastornos como la anorexia o la bulimia nerviosa que comienzan generalmente en etapas específicas como la pubertad y el comienzo de la adolescencia.

Desde el marco de referencia psicopatológico al que me adhiero (“Teoría de la Enfermedad Única”), y en base a mi experiencia clínica, creo que siempre encontraremos una Situación Depresiva Básica como motor patogenético, desplazado, en este caso, en la identidad corporal

En la actualidad y según las corrientes culturales que acucian ¿cuáles son las enfermedades más comunes que se encuentran en pacientes de corta edad?

Desde mi prospectiva, prefiero no hablar de enfermedades, sino de sufrimiento psíquico, y considerar la conducta como una expresión circunstancial del mismo. Las nomenclaturas  diagnóstica en edades evolutivas tempranas, aunque necesarias en la interconsulta profesional, pueden ser muy contraproducentes, ya que hacen una foto fija de algo que en realidad está en movimiento,  luego será el sujeto el que cargará una etiqueta sin valor clínico contemporáneo, y puede quedar a largo plazo condicionado negativamente en la integración social (“no hay enfermedades, sino enfermos”). 

¿Distan mucho de las de hace una década?

No es tanto que las patologías cambien con el curso del tiempo, aunque están influenciados por las modas y malestares sociales, por la pérdida de los valores simbólicos, por la enfermedad del tener más que del ser, sino que también aparecen nuevas nomenclaturas para la taxonomía, viejas situaciones o conductas (“patoplastia”). En este sentido, hay que tener en cuenta que el fundamento epistemológico de la Psicopatología contemporánea es al menos cuestionable, ya que se basa en la clasificación por grupos de manifestaciones clínicas (“Fenomenología”). El modelo médico clásico no es aplicable sin costo en este campo en donde intervienen variables de diferente filiación y tipo. Los nuevos paradigmas tienden a considerar los trastornos mentales como poli causales y esto es lo que da sentido a las formas de intervención interdisciplinares, siempre deseables y recomendables. 

Un consejo que ofrecer a padres y madres primerizos para fomentar una adecuada salud mental en sus hijos. 

La actitud de los padres ante sus hijos debería contemplar el cuidado emocional, fomentando desde el inicio de la vida la comunicación y la comprensión mutua; en síntesis, lo que se puede lograr con el efecto mágico de las palabras. La organización psíquica se posibilita a través del lenguaje y de la gestión verbal de los sentimientos y de esta manera,  se fomenta la seguridad. No hay que olvidar que el aprendizaje se realiza a través de la identificación; si los padres tienen miedo, aunque sea banal o no justificado, el niño también aprenderá ese miedo: hijos de la vida, pero de nuestras obras. 


Una vez más, muchas gracias por dedicarnos su tiempo Dr. Eduardo Paolini Ramos.